Qué dejar atrás y con qué quedarnos para emprender e invertir en ambiente en 2026
A diez años de París y frente al umbral del +1,5 °C, el desafío es ajustar el marco mental desde el que actuamos.
En breve:
El pragmatismo está reemplazando al alarmismo. Ya no alcanza con quedarnos en diagnósticos; 2026 exige decidir qué soluciones aceleran impacto real y cuáles hay que dejar atrás.
Las proyecciones mejoraron, el aumento de emisiones se ralentiza y avanza la transición energética. Pero ya es una certeza que pasaremos el umbral de +1,5 °C. Mitigación y adaptación tienen que ir de la mano.
Latam tiene una gran oportunidad estructural de desarrollo e impacto en la transformación de la agricultura hacia modelos regenerativos, con la vida en el centro y la biodiversidad como infraestructura.
Mirar al futuro implica soltar la nostalgia ambiental. Pero no hay certezas: tenemos modelos limitados, los datos llegan con delay y hay miles de avances no contabilizados. La incertidumbre es condición de diseño.
Hace unas semanas, Bill Gates publicó un newsletter con título controversial y tono pragmático que dio muchísimo que hablar. El texto es tan largo y con tantos temas, que es fácil hacer una lectura selectiva para respaldar ideas de lo más variadas, incluso opuestas (acá la opinión de Ruben sobre algunos conceptos).
Pero más allá del contenido en sí, rescatamos su tono pragmático, que también notamos en los 20 inversores latinos que entrevistamos para el panorama de narrativas climáticas a mitad de año.
Estamos en un momento de cambio rotundo de paradigmas que nos acompañaron por décadas, y cosas que casi toda nuestra vida fueron certezas hoy tambalean.
Es una realidad sociopolítica que también se manifiesta en el mundo ambiental: por décadas hablamos de mitigar emisiones para mantener el calentamiento de la Tierra por debajo de 1,5ºC, y hoy no existen dudas de que vamos a llegar a esa medida y tendremos que lidiar con las consecuencias. La inestabilidad climática, la alteración de los ciclos hídricos, el aumento de la demanda energética y la escasez de recursos hacen más evidentes los puntos de intersección entre ambiente, salud pública y seguridad nacional.
A 10 años del Acuerdo de París, el balance de la acción climática y ambiental es una mezcla de buenas y malas noticias:
Las proyecciones mejoraron: en 2015 íbamos rumbo a un calentamiento de hasta 3,8 °C y hoy, con las políticas actuales, los modelos hablan de 2,5–2,9 °C hacia fin de siglo.
Las emisiones siguen subiendo, pero más lento; la curva se dobló, aunque no lo suficiente.
Se aceleró la transición energética: la energía solar es la que más capacidad nueva aporta en el mundo, y uno de cada cinco autos vendidos es eléctrico, desplazando alrededor de 2 millones de barriles de petróleo por día.
La última década fue la más calurosa desde que hay registros y 2024 marcó un récord de +1,6 °C sobre la era preindustrial, con olas de calor que provocaron muertes en India y Europa.
Los bosques están perdiendo su rol de “pulmón”: incendios y deforestación reducen su capacidad de absorber CO2 y partes del Amazonas ya emiten más de lo que capturan.
Los corales se blanquean con una frecuencia inédita, afectando a los arrecifes de los que depende un cuarto de la vida marina.
Y mientras todo esto ocurre, hubo muy poco financiamiento para la adaptación climática de parte de los países ricos.
Hablar tanto de fracaso absoluto como de éxito es sobre simplificar: el mundo se está moviendo, aunque quizá demasiado lento para la escala del problema.
Las ideas de crecimiento económico y mitigación de la triple crisis planetaria hasta hace poco parecían opuestas, lo que disparó mucho debate en el sur global. ¿Por qué hacernos cargo de un problema que generó mayormente el norte? A través de las soluciones climáticas de mercado, hoy es posible imaginar desarrollo dentro de los límites planetarios, o incluso regenerativo. Y es factible imaginar el desarrollo económico del sur global liderando parte de esta transición.
Por mucha fe que tengamos en la tecnología, buena parte de las soluciones efectivas en términos de capital, impacto y velocidad de implementación son las basadas en la naturaleza: sistemas de conservación (productivos o con monetización de servicios ambientales) y rediseño de sistemas alimentarios.
El desafío es encontrar los incentivos correctos para que escalar estas soluciones sea lo más conveniente (algo difícil pero posible, como demostró el caso de Kilimo). Afortunadamente, más allá de la rentabilidad, las corporaciones comienzan a percibir otras ventajas de la producción regenerativa, cómo la reducción de los riesgos en sus cadenas de abastecimiento.
Vemos un destilamiento de conceptos y de soluciones. Hoy sabemos claramente cuáles son las soluciones que tenemos que decidir cuáles acelerar y cuáles dejar de lado (Drawdown Explorer es una excelente herramienta en este sentido).
Para Antom, este 2025 también fue un año de maduración. Ideas que teníamos hace cuatro años, cuando arrancamos y el espacio climatech era inexistente, se fueron materializando. Queríamos aumentar nuestra participación en la región, y estuvimos hablando de Climatech en eventos en Colombia, Chile y Bolivia, además de haber hecho nuestra primera inversión en Costa Rica -POAS Bioenergy-. Sumamos, además, a Eirú y a Reforest Latam a nuestro portfolio, hoy compuesto de 10 proyectos. Consolidamos nuestra apuesta por aquellos emprendimientos que promuevan soluciones basadas en la naturaleza, y nos propusimos dar un paso más allá en nuestra tesis sobre agricultura basada en biodiversidad.
Como cierre de este 2025, proponemos 5 ideas para ajustar ciertos mindsets de cara al 2026. Nos encantaría conocer qué ideas ustedes quieren dejar atrás y adoptar para el nuevo año.
Dejar atrás cierta nostalgia o deseo de “volver a como eran las cosas”
Una carga pesada que arrastra el movimiento ambiental es la nostalgia: la idea de que la salida está en “volver a como eran las cosas”, restaurar un pasado que nunca fue tan armónico como lo recordamos y que, además, ya no existe como opción material.
El clima cambió, los ciclos hídricos cambiaron, la biodiversidad cambió. No estamos ante un problema de reparación arqueológica, sino ante el desafío de diseñar un planeta habitable en condiciones nuevas.
Hay que abandonar esa melancolía ecológica. No porque la pérdida no duela, sino porque quedarse atrapados en ese “todo pasado fue mejor” nos cierra a pensar nuevas realidades. Incluso la palabra “restaurar” evoca un retorno; nos gusta más “regenerar”, que mira hacia adelante: no es reconstruir un museo natural, sino aprender de los sistemas naturales y propiciar nuevas configuraciones en donde la vida esté en centro y la biodiversidad funcione como infraestructura.
Esta mirada más constructiva resuena con el espíritu de Abundance, el libro de Ezra Klein y Derek Thompson, que también dio mucho que hablar este año y que recomendamos. Sostiene que la salida de las crisis no está en retraerse sino en multiplicar la capacidad humana de generar soluciones, riqueza biológica y sistemas más fértiles que los actuales. No es romantizar el progreso, sino asumir que la única postura realista es la que reconoce que el cambio es la condición natural del planeta. Y que, si queremos seguir habitándolo, tenemos que cambiar con él.
Conectar mucho más a la acción climática con el desarrollo y el crecimiento económico
Como decíamos en la introducción, por mucho tiempo ambiente y desarrollo fueron conceptos peleados entre sí. El desarrollismo acusando al ambientalismo de anti-productivo, y el ambientalismo criticando los vicios de la industria. Pero, afortunadamente, en el marco de la triple crisis planetaria esto se da vuelta: es imposible pensar en crecer económicamente sin incorporar mitigación y adaptación climática; y también lo es promover temas ambientales esquivando la realidad de que el sur global tiene que desarrollarse.
Especialmente en esta región, en la que industrias como la agricultura y el turismo dependen de recursos naturales, cualquier plan de crecimiento que ignore el clima es miopía económica. Y cualquier programa de acción climática que no incorpore las dimensiones social y económica no va a convertirse nunca en prioridad.
A nivel global, la acción climática y el desarrollo económico dejaron de estar en tensión y empezaron a ser la misma conversación: ocuparse del clima y el ambiente es resolver problemas reales de productividad, riesgo y competitividad. Los inversores con los que hablamos en esta edición de Pulso lo repitieron con distintas palabras: los proyectos ambientales tienen que bajar costos, abrir mercados, proteger cadenas de suministro y hacer más resiliente el negocio.
Tanto desde lo discursivo como desde el mindset, hay que dejar las narrativas filantrópicas a los organismos institucionales o gubernamentales. El capital privado busca eficiencia, retorno y escala. Y, cuando se orienta al impacto positivo, eso se puede lograr con retornos ecológicos.
Un nuevo rigor: escalar soluciones que funcionan
Bill Gates vuelve sobre un punto válido: ninguna solución climática va a escalar si no es tan barata y conveniente como su alternativa fósil. Pero el marco que ayuda a ordenar prioridades es el de Project Drawdown, que distingue entre tecnologías listas para escalar hoy y otras que requieren más investigación, infraestructura institucional o subsidios para madurar.
Este marco conceptual de Darren Clifford ayuda a visualizar el debate (él habla principalmente de “calidad de vida” como impacto positivo, pero consideramos clave que sea calidad de vida, clima y biodiversidad). Si una solución mejora la calidad de vida, descarboniza y además tiene ROI positivo, hay que escalarla intensivamente. Ese cuadrante de impacto directo y retorno evidente debería ser el fuerte del capital privado.
Las soluciones con impacto positivo pero ROI negativo necesitan subsidios, filantropía e instituciones científicas, no venture capital. Las que generan rentabilidad deteriorando ecosistemas o salud humana requieren regulación; y las que ni mejoran la vida ni generan retorno deberían dejar de recibir fondos. Es una lógica simple: asignar el tipo de capital correcto al tipo de solución correcto.
Cuando aplicamos ese lente a Latinoamérica, la evidencia es contundente. Tanto el informe “The LAC Climate Edge” de Reciprocal como el LATAM Cleantech 25 de Cleantech Group convergen en el mismo punto: la mayor oportunidad estructural de impacto y retorno está en transformar la agricultura hacia modelos regenerativos.
AFOLU representa el 7% del PBI regional, el 12,6% del empleo y el 18,4% de las exportaciones, pero también el 58% de las emisiones y el 14% de la degradación global de suelos. Regenerar produciendo no es un idealismo ecológico; es una estrategia económica central para la competitividad futura de la región. Y es, además, el cuadrante perfecto del framework: mejora calidad de vida, reduce emisiones, protege biodiversidad y tiene ROI positivo cuando se implementa bien.
Tanto este artículo de Cleantech Group como diversas opiniones de inversores en nuestro sondeo de narrativas climáticas lo dejaron claro: las startups que prosperan en Latam son las que resuelven problemas reales bajo estrés real (suelos degradados, sequías, volatilidad climática) y generan resultados medibles desde temprano. Fertilidad recuperada, menor dependencia de insumos, resiliencia productiva, ahorros operativos, más rendimiento. No promesas: métricas. Muchas de estas soluciones ya están listas para escalar, pero siguen recibiendo pocos fondos porque no encajan en el imaginario más ‘emprendedor’ del deep tech o del breakthrough tecnológico.
Nos enamoramos de la novedad. Pero la innovación que falta no es de laboratorio, sino de modelos económicos, para que estas soluciones probadas generen retornos más altos y migren masivamente hacia el cuadrante donde corresponde que estén: escalando.
Adaptación y mitigación climática van de la mano
Los eventos climáticos extremos le costaron USD 1,4 billones a las principales economías del mundo en 2024 (en el año 2000, eran USD 150.000 millones) y solo en Estados Unidos representaron el 3,5% del PBI. Incluso en el escenario optimista (y prácticamente irreal) de alcanzar emisiones net zero en 2050, el impacto económico proyectado por eventos climáticos sigue siendo enorme: una pérdida del 7% del PBI global para mediados de siglo.
Por años la conversación sobre inversión climática se centró en la mitigación: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero hoy la adaptación gana terreno, y en la COP30 quedó clarísimo: su principal resultado fue elevar las metas de financiamiento para adaptación, porque la brecha entre lo que se necesita y lo que realmente se invierte es gigantesca.
Según PNUMA, el mundo debería estar invirtiendo USD 310.000 millones por año para 2035 para prepararse frente a sequías, inundaciones, olas de calor y pérdida de productividad agrícola. Pero en 2023, los países en desarrollo recibieron apenas USD 26.000 millones en financiamiento internacional. Las necesidades son entre 12 y 14 veces mayores que los fondos disponibles hoy.
No es casualidad que más de la mitad de los emprendimientos destacados este año por Cleantech como promesas de Latam estén enfocados en resiliencia agrícola, detección temprana de incendios o seguros climáticos: la región está innovando por necesidad.
Adaptación es, en esencia, proteger la economía real. Hacer que las empresas sigan produciendo, que las ciudades sigan operando, que los alimentos sigan llegando a las personas. Para Latinoamérica, esto es aún más evidente, porque muchas regiones tienen infraestructura precaria no preparada para lidiar con eventos climáticos extremos.
Por supuesto no se trata de elegir entre adaptación o mitigación, sino buscar soluciones que operen en ambos: dos ejemplos claros son hacer a los sistemas agrícolas más resilientes incorporando biodiversidad y proteger ecosistemas mediante la prevención de incendios forestales.
La información que tenemos de las crisis y del progreso es acotada. Hay que proceder en la incertidumbre
Una trampa de la conversación climática es el exceso de seguridad con el que hablamos del futuro.
Pareciera que estamos seguros de que vamos al colapso, o que no va a pasar nada, o que la temperatura va a subir a 2,7 °C , como si tuviéramos la certeza de lo que viene. Lo que tenemos es un conjunto de modelos (los mejores que podemos tener hoy en día), que nos dan herramientas valiosas para entender el planeta y proyectar escenarios, pero que dependen de una montón de variables inciertas y que no pueden predecir con total certeza cómo va a ser el futuro.
Incluso se plantean situaciones (los “tipping points”) en las que se acepta que hay incertidumbre: si se disparan, no se sabe qué puede pasar (aunque se pronostica que nada bueno).
A eso se suma otro sesgo: casi todos los números que usamos vienen con delay. Los inventarios de emisiones, los reportes del IPCC, los balances de financiamiento climático, los datos de degradación de suelos o pérdida de biodiversidad se cierran, revisan y publican años después de que ocurren. Cuando decimos “hoy” muchas veces estamos hablando, en realidad, de 2022.
En paralelo, hay miles de iniciativas regenerativas, proyectos comunitarios y cambios en la práctica productiva que ni siquiera entran en las estadísticas: están ocurriendo, pero no están siendo contados.
Todavía necesitamos desarrollar más herramientas que nos permitan entender el estado del mundo en tiempo real.
Esto no significa que “no sabemos nada” ni que “da lo mismo lo que hagamos”. Sabemos lo suficiente para afirmar que la crisis es seria y estructural. Sabemos que tenemos que actuar con velocidad en soluciones ambientales, no sabemos la velocidad con la que se van a desarrollar y escalar estas soluciones, ni cuáles son las combinaciones que terminen de delinear un mundo nuevo.
La información que tenemos sobre la crisis es limitada, y la que tenemos sobre el progreso, también. Todavía es posible un futuro más cercano al solarpunk que a la distopía. No hay garantía de ninguno de los dos.
Desde Antom, elegimos leer esa incertidumbre como condición de diseño. Entendemos que en este “veremos que está por venir”, el capital de riesgo juega un rol importante en potenciar las soluciones que queremos ver implementadas a gran escala. En nuestro caso, sistemas alimentarios que aumentan biodiversidad y resiliencia, tecnologías que reducen vulnerabilidades estructurales (agua, suelo, energía), modelos de negocio que promuevan la salud planetaria, la humana y el desarrollo. El capital nunca es neutral: decidir cómo invertirlo puede mover la balanza: inclinarnos hacia mundos más habitables o llevarnos más rápido al abismo.
Estamos entrando en un ciclo donde la pregunta ya no es si hay que actuar o no, sino cómo. Esperamos que el 2026 nos encuentre afilando aún más esa respuesta.
¡Muchas gracias por seguir acompañándonos en este espacio! Nos encataría saber qué les resuena o no de estas ideas, pueden escribirnos en respuesta a este mensaje o en la sección de comentarios de substack. ¡Felices fiestas y hasta 2026!
Agenda: Convocatorias abiertas y eventos
🧬 Continúa abierta la convocatoria a la edición 2026 de Transform, el programa de GRIDX de creación de startups biotecnológicas. Durante tres meses, equipos científicos y emprendedores de toda América Latina recibirán acompañamiento para validar proyectos y construir startups con potencial global. Los equipos seleccionados podrán acceder a una inversión inicial de USD 250.000 y vincularse con inversores internacionales. Más info: www.gridexponential.com/es/aplicar-como-cientifico.
Está abierta la convocatoria 2026 a beVisioneers: un programa global de Mercedes-Benz y The DO School Fellowships, diseñado para capacitar y apoyar a innovadores de entre 16 y 28 años que deseen llevar a cabo proyectos positivos para el planeta. Tras completar un intensivo de 12 meses, los becarios tienen la posibilidad de acceder a becas de hasta 20.000 euros para realizar su proyecto y continuar fortaleciendo sus iniciativas y desarrollando habilidades de liderazgo dentro de la comunidad. El programa está abierto a jóvenes de Estados Unidos, Argentina, Chile, Costa Rica, Panamá y México, así como de diversos países de Europa, Asia y África. Aplicaciones aquí.
🚀 Kamay Code abrió su convocatoria para la edición 2026 en Río de Janeiro, dirigida a startups que estén desarrollando soluciones innovadoras en agtech, biotech, logística, fintech, gestión de residuos, manufactura, digital S&OP o comercialización en punto de venta. Durante el programa, las seleccionadas trabajarán con corporaciones como Coca-Cola y Grupo Arcor para generar oportunidades comerciales de largo plazo alrededor de cinco desafíos estratégicos vinculados a alimentación, energía, comercio digital, inclusión financiera y cadenas de suministro.
🧪 La Agencia I+D+i de Argentina abrirá nuevas convocatorias para financiar proyectos científicos y tecnológicos con aplicación directa en sectores productivos estratégicos del país. Equipos de investigación, instituciones científicas y startups podrán presentar iniciativas orientadas a agroindustria, energía–minería y salud, con esquemas que exigen articulación con actores privados y financiamiento de entre USD 150.000 y USD 500.000 para desarrollar prototipos, innovaciones transferibles y aceleración. Más info: https://www.argentina.gob.ar/noticias/ya-estan-disponibles-las-bases-y-condiciones-de-las-convocatorias-de-financiamiento-para
Latin American Regenerative Investment Summit (Bogotá, Colombia). Del 12 al 14 de mayo, LARIS 2026 reunirá a agricultores, inversores, empresas alimentarias y líderes del ecosistema regenerativo para explorar cómo las inversiones regenerativas pueden acelerar la transición hacia modelos económicos que restauran ecosistemas, fortalecen comunidades y generan valor a largo plazo.
Colombia Carbon Forum (Bogotá, Colombia). El 15 y 16 de abril se llevará a cabo este evento que busca acelerar la maduración del mercado colombiano de carbono.
✍🏼 El Gato y La Caja lanzó un programa de Formación en Narrativa Estratégica orientado a quienes necesitan comunicar de forma clara el valor de su startup. Durante seis semanas, con clases teóricas y ejercicios guiados en grupos reducidos, se acompaña a los proyectos en el diagnóstico e iteración de su propio pitch, con instancias de feedback personalizado y referencias de casos reales. Más info: eglc.ar/formacion








Si bien siempre los leo, este articulo me encantó por la claridad y las cosas concretas para hacer. Felicitaciones por el trabajo que hacen!